Por:
María José Posada
Comunicadora Social y Periodista
Guionista y productora

Más allá de la trama principal de Dos Mujeres y una vaca, hay otras historias.

Rosana es una campesina viuda, sin estudios, cuyas única posesiones son su tierra, su rancho, unas gallinas y una vaca. Es una mujer fuerte, estoica, valiente y a la vez con claras ideas machistas que rigen su opinión sobre la función de hombres y mujeres en la sociedad: para ella hay trabajos para hombres, diversiones para hombres, una vida para hombres diferente de la de las mujeres. Tiene una espiritualidad en la que convergen la creencia en Dios y las supersticiones en perfecto sincretismo. Ha criado sola a un hijo y una hija y a ésta la ha perdido en un episodio de violencia doméstica, por lo que carga con el dolor y la ira, y también por ello, con la culpa. Poco vanidosa, práctica y severa, Rosana debe convivir con su nuera en ausencia de su hijo.

Hermelinda es una joven soñadora, idealista, inocente y enamorada. Se prepara para ser madre, con la convicción de que su hijo podrá tener lo que ella no ha tenido, educación y oportunidades. Creyente como su suegra, confía en un Dios benévolo que perdona y ayuda a sus fieles. Vanidosa y algo caprichosa, la cándida Hermelinda va aprendiendo junto a Rosana que la vida no es color de rosa.

Corina, la vaca que les sirve de transporte y les da la leche de sustento, es tan caprichosa como Hermelinda, pero es esta vaca huilense, adorable y divertida, quien las salvará en muchos momentos de peligro y llenará de aventuras el viaje.

Pastor es el marido de Hermelinda e hijo de Rosana, luego de terminar la escuela y prestar el servicio militar, sólo ha logrado hallar trabajo en las plantaciones de tabaco como jornalero, lo que le obliga a alejarse de su hogar y dejar las labores del campo a su madre y a su esposa.

A excepción de Ramón, el cartero, los hombres buenos están ausentes de la historia, como suelen estarlo cuando se ven obligados a dejar la tierra y el hogar para buscar sustento, o cuando por falta de oportunidades son presa fácil de grupos ilegales, como podría haber ocurrido con Pastor y ciertamente con Joaquín, un desertor del paramilitarismo, quien completa la trilogía de protagonistas de la historia.

Hijos sin padre o con padres ausentes, niños huérfanos por la violencia, sin educación, que se entregan al primer postor para sobrevivir, se contraponen en la historia con Manuel, rescatado por Rosana y Hermelinda, quienes lo acogen con amor como acogen las mujeres protectoras y lo hacen parte de su familia. Manuel sabe leer, Manuel aprende con ellas que la violencia no atrae más que violencia, Manuel es la redención de todos los demás hombres de esta historia.

Dos Mujeres y una Vaca, es una historia oportuna para la paz y el posconflicto. Aboga por la verdad, por el perdón y la reconciliación. Por mantener unida la familia, como quiera que ésta esté formada.

Y también está inmersa en ella el mundo, las ideas, las vivencias de Efraín Bahamón, su guionista y director.

Apasionado por el cine desde los cuatro años, cuando a su barrio en Bogotá llegaba un camión que abría sus puertas, sacaba un proyector y proyectaba películas edificantes contra la fachada de la sede de Alcohólicos Anónimos.

Hijo de padres desplazados por la violencia, que llegaron desde el Huila buscando refugio en la fría Bogotá de los 60, hace un homenaje con este relato a los desplazados y las víctimas del conflicto, con una mirada hacia ellos que cambia la perspectiva de las últimas producciones que habían dado relevancia a los victimarios.

Busca con insistencia el origen de la violencia, no sólo de la explícita en el conflicto armado, sino de aquella tácita que nos hace reaccionar con agresividad contra el más mínimo comentario, acción, mirada o reproche de los demás. Algo que vemos en nuestro día a día en cualquier calle, vereda, pueblo y ciudad de este país y, claro, de otros países también, que es uno de los elementos que universaliza esta historia.

Denuncia sin sutilezas que aún tengamos campesinas analfabetas, que seamos indiferentes ante la injusticia, no sólo de la violencia descarnada sino de la pobreza; que en tanto cientos mueren, veamos los reinados en la televisión.

 

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