Por:
María José Posada
Comunicadora Social y Periodista
Guionista y productora

Rodar una película es tremendamente complicado y mucho más si es fuera de la zona de confort del jugador local. Y en Dos Mujeres y una Vaca nos fuimos lejos de casa.

El Huila era ideal, tenía todos los paisajes cerca unos de otros. Ya lo habíamos explorado con Chepe Calderón cuando realizamos la serie Escrito en la piel, para el Instituto Nacional de Dermatología, unos años antes.

Más de diez scoutings se realizaron hasta dar con cada uno de los escenarios en donde se rodaría la película: Campoalegre, Rivera, Aipe, Otás, Tello, Villavieja y el desierto de La Tatacoa, haciendas, ríos, caseríos, pozos, veredas, camino y más caminos.

Un departamento bello pero con poca infraestructura para albergar un equipo tan grande. En Villavieja copamos todos los hoteles, hostales, albergues y habitaciones disponibles. La logística de alimentar y transportar a tanta gente también representó un reto. Las compras grandes debían hacerse en Neiva, por fortuna cerca a todas las locaciones.

Los mosquitos y garrapatas hicieron su agosto con la sangre fresca de los recién llegados citadinos. El agua mal tratada y el cambio de dieta enviaron a los centros de salud a casi todo el equipo, por fortuna no todos al tiempo, pero siempre hubo alguien enfermo que atender.

El esfuerzo de rodar a la intemperie, bajo el sol radiante (algunas pero pocas veces llovió y entonces había que enfrentar el barro en las locaciones), o en la noche, valió la pena. En los festivales en donde la película ha representado al país, el paisaje asombra y cautiva y la gente se pregunta dónde se rodó y cómo. La fotografía de Pacho Gaviria y el tratamiento de color de Cinecolor lo destacan en todas las pantallas.

Efraín buscaba un paisaje que junto con Rosana, Hermelinda, Joaquín y la vaca, fuera protagónico. Simbolizara el viaje al infierno y el retorno al paraíso. Propiciara, a manera de road movie, un encuentro entre los personajes y sus universos, un viaje hacia el interior de sí mismos.

 

“Esta película muestra un paisaje muy bonito, la gente reaccionaba muy positivamente a los paisajes, a la fotografía, al recorrido de estas mujeres. Me preguntaban, terminada la película, de dónde era, dónde habíamos filmado y me gustó eso muchísimo porque podíamos haber hecho la película muy cerca, en Boyacá por ejemplo, pero no, el tema del Huila siempre nos atrajo desde el comienzo en la propuesta de producción y se rescata ese espacio fílmico que hacía muchos años no había sido explorado.” Efraín Bahamón

Dirección, Cámara y edición: Chepe Calderón Gómez Fotografía: Mauricio Esguerra Pardo

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