IMG_1538Por:
María José Posada
Comunicadora Social y Periodista
Guionista y productora

Después de más de dos años de haber finalizado el rodaje de Dos Mujeres y una vaca, se acerca el momento del estreno.

Lo que perciban los espectadores será el verdadero final del periplo de esta película que tantas emociones encontradas han generado en quienes participamos de su creación.

Por supuesto, queremos que se entretengan. Pero también queremos que haya reflexiones de toda índole: sobre la actuación, la dirección, la fotografía, el arte, el sonido, que son puramente estéticas; sobre la temática y su abordaje; sobre la realidad que se trasluce en la ficción; sobre los problemas de nuestra sociedad que se reflejan tras la dramaturgia, los diálogos y las acciones.

Efraín Bahamón quiso transmitir su postura sobre las raíces de la violencia en los colombianos, intenta a través de ésta ficción acercarnos a esa postura, ya ustedes, quienes la vean comprenderán cuál es.

Él es maestro, lo ha sido en colegios y universidades. Comprende que la educación para todos, no es sólo un derecho, sino también una necesidad para que este país avance. Con la educación las personas podemos ampliar nuestros horizontes y nuestras oportunidades, podemos cuestionar y dejar de tragar entero, podemos construir posiciones críticas y sobre todo proponer cambios.

Rosana y Hermelinda no saben leer. Algunos creen que es parte de la ficción, pero no lo es. En Colombia y otros países del mundo aún hay gente que no sabe leer ni escribir o que apenas puede hacerlo, con dificultad.

Las personas analfabetas pueden sobrevivir. La mayor parte de ellas lo hace. Aprenden un oficio y lo ejercen día tras día y pueden alimentarse con el producto de sus oficios o de sus jornales. Si supieran leer y escribir, sus oportunidades de supervivencia serían mayores, claro, podrían acceder a información, conocimientos, otras ideas que les serían útiles para el mismo oficio o para elegir otro si el que tienen no les satisface.

Pero más allá de la supervivencia, leer y escribir les permitiría cambiar el mundo, su micromundo y nuestro macromundo.

Efraín vuelca en esta película su rico universo interior. Allí está la familia, la maternidad, la amistad, el arraigo a la tierra,  su admiración por las mujeres que sostienen el andamiaje de nuestra sociedad. En su decisión de dónde poner la cámara, cómo moverla, qué ritmo darle a la acción y en qué momento cambiarlo, hay una intención narrativa, incluso homenajes a otros directores que han dejado su huella en él, sí, pero también hay una necesidad vital.

La película también tiene elementos del temperamento, los gustos y las influencias del guionista y director, está en ella la música, las tradiciones campesinas, los platos típicos, los dichos,  los agüeros, la exploración de la espiritualidad, las brechas generacionales.

Habrá quien salga tocado por esta magia particular de Dos Mujeres y una Vaca; habrá quien se extasíe con la fotografía de Pacho Gaviria, quien se emocione hasta las lágrimas con la actuación de Ana María Estupiñán y Luisa Huertas, quien se asombre con Juan Pablo Barragán, quien se ría y enternezca con Corina, y habrá quien no la entienda, no la disfrute, no le guste. Para eso es el arte, para eso se hace arte.

Volveremos sobre el tema luego del estreno, cuando ustedes, quienes la vean, compartan sus emociones, sensaciones y reflexiones con nosotros.

 

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